Cada grano de memoria constituye una fuente para la escritura como las inmensas playas de imaginación por donde discurre nuestra vida. Así la narrativa puede transportarnos a un mundo real pero a la vez rico en contenido y con buen uso del lenguaje.
Cada acontecimiento, narrado desde el punto de vista de una crónica, un perfil detallado de la psicología y carácter del personaje; sucesos tan reales que parecen sacados de una novela, son recursos que tenemos para atraer al lector. No de una manera imaginaria, no con falsas quimeras, información tendenciosa y de procedencia dudosa. La veracidad es parametrada hasta cierto punto por la libertad del autor. Sin embargo, el que lee tiene el derecho de ser entretenido e informado con la verdad. La deontología ampara esta premisa, acompañada de las leyes éticas y morales que más que exhortarnos, deben brindar ejemplo de verdad, confianza y seguridad en el manejo de la información.
Las nuevas tecnologías, que nos invaden, promueven la inmediatez en los acontecimientos y despliegue de los medios para captar la información. Las redes sociales constituyen un medio de socialización como de difusión rápida de información. Congregan a centenares de personas con el fin de conocerse, sostener intercambios culturales e intercambiar vivencias. Los amigos se internacionalizan, las relaciones interpersonales se hacen más rápidas y poco consistentes debido a la carencia afectiva y soledad que proponen estas eras tecnológicas y sobreexigentes.
Las nuevas tecnologías de la información y comunicación tienen que servir de ayuda al nuevo comunicador, quien debe adaptarse si desea sobrevivir. Esa es una postura integrada al avance tecnológico. Quienes aún miran con cierto rencor a las nuevas tecnologías mantienen la postura de antaño: el olfatear el agradable olor del papel viejo y los lapiceros gastados que las teclas insensibles y el monitor con una brillo enceguecedor.
Aún así, en ambos casos la información era y es falseada, y las interrogantes sobre fuentes fidedignas eran las mismas. Lo sinuoso del asunto se presenta en que pocas veces se citan fuentes de información que abastecen a los redactores virtuales. Los sucesos y el deseo rápido de transmisión de información no permiten un análisis e interpretación más profunda de una noticia, por lo que las deducciones lógicas y el instinto obran como materia de opinión. Y si dicen que gracias al Internet cualquiera puede ser periodista, la realidad es que jamás alguien podrá tener el criterio de quienes realmente viven la profesión y la amalgaman a su realidad.
Sea cual fuere el caso, la labor de quien emplea su creatividad en el desarrollo de una crónica o un perfil tiene que ser fiel para el lector quien, debido a la gran velocidad de la información vertida sobre Internet, necesita sentirse seguro de lo que lee y releerlo para una mejor comprensión. Los reportajes ayudan mucho: encierran dentro de sí, todos los géneros periodísticos. Es la máxima expresión del periodismo, basado en un acontecimiento que requiere análisis profundo y una interpretación detallada; acompañado de un lenguaje atractivo como del que dispone la narrativa.
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El Editor